Aun cuando quisiera tener los recursos estilísticos para realizar una crítica omnisciente, la verdad es que no hay otra forma de abordar el tema; alguna vez fui a una reunión de AA Alcohólicos Anónimos, esas siglas azules que se encuentran omnipresentes en los poblados del país, o al menos en el territorio donde he llegado a pasar. Algunas parecen símbolos de culto al más puro estilo de una cruz católica sobre una catedral, aunque lo común es que parezcan más (valiente ironía) una cantina clandestina apenas anunciada pero que todos sabemos de qué va la cosa, y aunque el tema de la arquitectura o la presencia física de estos lugares podría dar para unas lineas, deseo ir directamente a la crítica de porque me parece que no funcionan o como funcionan a pesar de sus grandes defectos (como la orinoterapia), pero particularmente uno; la extraña competencia por exponer la miseria humana.
En esas reuniones gana la peor historia, así tal cual. Para mi que suelo tener el gusto de encontrarme con cualquier espacio que me proporcione el placer de hablar ante un público, de mis temas (el alcoholismo es uno de ellos) y a mi forma, (detesto el perifoneo e incluso la labor de los lectores de noticias) me parecía muy interesante por pararme ante un atril (bello y hermoso y a veces tan excluyente), y aunque el estigma de entrar con un grupo de perdedores (percepción mayoritaria) le restaba algo de “onda”, la experiencia tan única y sin que se enterara mucha gente lo contrarrestaba de alguna manera. A eso hay que agregar que efectivamente sentía un dolor por una alcoholizada que si bien no se salió de control si me causaba una gran aflicción porque de nuevo sentía que estaba pasándola bien y teniendo el registro tan agradable de la comprensión de la vida que en un determinado momento el tequila puede otorgar, pero al final volví a sentir ese sabor agridulce de quienes no logramos “coronar”, somos incapaces de simplemente llegar a buen puerto estando tan cerca de tierra, con el faro iluminandonos después de haber pasado lo más tormentoso de la noche.
Decidí hablar de primero por mi muy inocente idea de deslumbrar al resto de los participantes (poco más de una docena), y que conocieran cómo lo hace un gran aficionado de la oratoria, para que de alguna manera supieran a qué le tiraban si me osaban opacar, vamos yo les iba a marcar el ritmo. Honestamente en términos técnicos no creo haberlo hecho especialmente bien o mal, mi entonación y pronunciación los sentí normales, y aunque tuve un aura de efímero reconocimiento por ser el primero en hablar, sentí que falle rotundamente en crear una narrativa teatral (o teatralizada) que un par de veces (con más de una veintena de intentos) he logrado. Aun recuerdo que mi tema no era la podredumbre en la que se convierte un ser humano cuando se vuelve presa de sus deseos de autodestrucción, lo mío era criticar esas pequeñas oportunidades que perdemos por no ver esa ventana de oportunidad a veces tan chica en donde podemos ser agradables, únicos y especiales y en cambio de forma consciente o no optamos por volvernos una borracho genérico de los que desgraciadamente hay tantos y que no hacen gran daño pero tampoco interesan a nadie, son como la humedad, se va expandiendo pero no es lo suficientemente grave para requerir atención. Mi idea, mi gran idea era que tomar se vale, pero o se aspiraba a hablar como Churchill y al alba se tenía el sentimiento de haber salvado Europa o no valía la pena.
Pero evidentemente después de mi hubo más participantes, quizás unos 5 o 6, la reunión estaba pactada a durar una hora, pero duró casi 3, y me había prometido aguantar hasta lo último para vivir “la experiencia completa”, pero lo que yo no sabía es que con cada participante las situaciones de las que hablarían se Iban a poner peor y peor, hasta el punto de volverse una lúgubre ensalada de hechos cada vez más lamentables, y que rápidamente irían de lo desafortunado a lo delincuencial. Después de mi ya se habló de choques en autos, de heridas francas que requirieron hospitalización, luego se habló de drogas, de lo fácil que es encontrarlas en las calles por las que transito continuamente y que nunca había reparado en que pasara tal cosa, también se empezó a mencionar la necesidad continua de estupefacientes y luego como la ansiedad te lleva a robar hasta a tus hijos. Las siguientes personas ya hablaban de esquizofrenia, de golpear a quien se interpusiera en su camino aunque fuera tu esposa o tu bebe cuando entrabas en trance, de la experiencia de acabar en los separos, de ser confundido por un asesinato realizado en una noche de juerga y que llevo a alguno a estar casi dos años en la carcel. Pero particularmente me llamó la atención una pareja que se describen a sí mismos como alcohólico drogadicto y ella como drogadicta con trastorno de personalidad, y aunque el varón presumía llevar “limpio” 6 meses, la dama le hizo ver que recayó y que solo llevaban 3 meses en ese estado. La pregunta obvia que yo tenía era ¿porque diablos siguen juntos?¿no se dan cuenta que se hacen daño?, que requieren estar en tratamiento bien supervisado hasta que dejen de ser un riesgo para ellos mismos, y solo después de eso podrían pensar en juntarse, (¿ya dije que se pegaban y casi se mataban un par de veces?). El último individuo (sabiendo que era el último) decidió cerrar con una especie de superioridad moral, porque aunque reconocía haber hecho fraudes a incautos en la capital para pagar su vicio, presumía llevar más de 10 años sin tocar substancia alguna que lo alterara (hasta decia solo tomar agua), eso sí ese gran logro se debía a su gran voluntad por ser uno de los dos fundadores del grupo e ir a casi todas las reuniones desde que este existe (sesionaban de lunes a sábado a partir de las 7 pm). Y con esa fuerza nos daba la bienvenida a un par de caras nuevas.
Espero que haya quedado claro todo lo perverso del asunto, pero aun así lo diré de nuevo. Gana la peor historia, obtiene notoriedad y un aplauso más sentido aquel que más bajo a caído, y si todavía no conoce el fondo pero acepta que tiene problemas es mejor aun, porque pronto volverá con la nota de casi haber matado o violado hasta a su madre, pero siempre aceptando que puede mejorar y que necesita ser escuchado por un grupo que (oficialmente) no lo juzga. Lo que se espera después es que vaya seguido (diario si se puede) y ayude a reclutar a nuevas personas, y en el proceso apoye de alguna forma con el mantenimiento del lugar, para seguir dando notoriedad a quienes apoyan ciegamente el proyecto por su eficacia, no importando que vayan por años y años.
Lo más irónico de todo es que critican el papel de juzgador que tiene la sociedad en general y que al no comprender estos temas sentencia sin más. Pero yo acabé haciendo justo eso y lo digo con toda la fuera de mis letras; AA no tiene valor terapéutico alguno, solo se va a comer el tiempo con la vana esperanza de que algún día sepas qué hacer con él.
