¿Porque se fue el Supremacista Varón?

Tal vez porque no había de otra, tal vez porque las épocas han cambiado y algunas formas ya no van, tal vez porque simplemente se metió con quien no debía, tal vez porque se trata de un acto de justicia, tal vez porque las áreas de trabajo están mejor sin ese tipo de personas, tal vez tantas cosas, pero claramente por soberbio. Por no entender que el mundo ya no gira en la misma dirección que antes, tal vez la diferencia sea solo unos cuantos grados pero con eso se producen cambios enormes.

En alguna ocasión me encontré con un jefe que había llegado a esa posición fruto de la sana rotación que debe haber en los centros de trabajo muy grandes, no nació de abajo como se estila en ciertas empresas, no empezó siendo personal básico. Tampoco surgió de arriba, acomodado como el hijo de o el hermano de. Sencillamente presentó su solicitud, cumplió los requisitos y fue aceptado. En algún momento apareció por las necesidades de la operación siendo requerido en un área de la que evidentemente desconocía, pero no solo en materia de aspectos técnicos que habría que repasar en otra ocasión. No sabía tratar a su personal, particularmente; a las mujeres.

El fin se puede adelantar; se fue por acoso. Pero más allá de desgranar esa idea (y sabiendo de antemano que mucha información nunca se conocerá), de lo que sí puedo dar constancia es de su torpe (por decirlo menos) manera de afrontar el liderazgo femenino. 

En el patio de maniobras de una empresa que mueve muchos productos y que estos suelen pesar y estorbar, es muy común el uso de personal masculino porque son ellos quienes realizan la mayor parte del trabajo físico pesado, aunque claro siempre hay mujeres que respaldan esas actividades, y es común que tengan la responsabilidad de los distintos controles administrativos, llevando una cantidad al menos igual de estrés y de cansancio muscular por estar siempre en pocas posiciones. Sin embargo es relativamente escaso que tengan jefaturas y que tengan a su cargo mucho personal masculino. Y es ahí donde entró, como una de las dos jefas que se encontraban en ese momento.

Inmediatamente al llegar el gerente manifiesta su extrañeza por no tener a varones al frente de varones, pero esa extrañeza (más cercana al desprecio que a la admiración), no tardó en volverse hostilidad y animadversión, emitiendo de entrada opiniones que ponían en duda la capacidad en general, pero sobre todo organizativa de las féminas a cargo, realizando comentarios como; “debiera haber más hombres aquí””me sorprende que ustedes puedan con el encargo””bueno ya llegue y a partir de ahora el que manda soy yo”, posteriormente hubo la posibilidad debido a la carga de trabajo que se incorporara un compañero como jefe para facilitar las labores, previo a una temporada que se veía venir cargada de trabajo, y como era de esperarse sus comentarios no podrían desentonar respecto a la tónica que venía manejando, así que regaló una de sus habituales joyas; “que bueno que ya las va a poder apoyar Romualdo así tendrán un hombre que pueda lidiar con todos los operarios, me da gusto”. Si bien todos tenemos frases desafortunadas alguna vez, no se puede dejar de lado que este cúmulo de expresiones venían siendo una constante que marca una tendencia: el desprecio por el liderazgo femenino, una actitud que sin duda ya no tiene cabida en la postmodernidad.

¿Porque esta mal?

  • Porque muestra una actitud de desprecio solo por la variable del genero sin análisis de desempeño laboral.
  • Porque también muestra un clasismo tremendo al hacer de menos a todos aquellos que se encuentran por debajo de él en la escala de poder.
  • Porque un prejuicio tan marcado te hace inútil en la operación diaria.
  • Porque una actitud así es la entrada a otras “perlas” que podrían desembocar en racismo, maltrato físico y probablemente crimen.
  • Porque una empresa seria no puede tener en sus liderazgos personal que lesiona la dignidad humana.
  • Porque el libre desarrollo de la personalidad implica también la autocontension para permitir el goce de ese derecho a los demás.

Al final se fue, y cuando fui consultada sobre si debía tener un lugar en la plantilla, no dude en reconocerlo como un ejemplo; el producto fallido que evita la excelencia en un entorno laboral respetable. Suerte si cambia y aprende, mejoría instantánea para quienes nos quedamos.

Persefone.