Siempre he pensado que todos somos una escala de grises, ni blancos ni negros, ni malos ni buenos, pero de vez en cuando se tiene la posibilidad de conocer a personas luminosas, que irradian una profunda bondad y tienen un aura de confort que te hace sentir una profunda paz y a la vez una dosis de alegría.
Pepe era uno de ellos. Me gusta pensar que de alguna forma yo lo pude conocer en una sensibilidad distinta a los demás, al tener el placer de saludarlo por meses todas las mañanas llegamos a compartir ideas que con el trajín del trabajo luego no se pueden intercambiar. Recuerdo cómo me saludaba siempre con gran alegría, con bonhomía, con su típica sonrisa desarticulada pero profundamente bella por sincera, pero no se quedaba hay, también tenia una inteligencia practica de la que muchos carecemos, aquella que resuelve los problemas de la inmediatez sin andarse por las ramas, de hecho el me dijo del riesgo de no cancelar mi anterior tarjeta de nómina y me recomendó ir al banco en breve antes de que se generaran cargos, sabia muy bien cuanto te cobrarían de comisión y en que tiempo. Dicho consejo vaya que me ha evitado problemas. Pero más aún, recuerdo cuando me hizo participe de sus sentimientos y de sus sensibilidades amorosas, recuerdo que me pidió que lo llevara un sábado con una chica con el único afán de compartir un grato café, para que con ello pudiera tener una sana cercanía con quien ocupaba su mente y sus legítimos deseos amorosos. Así con claridad y fuerza usándome como chofer, pero al mismo tiempo cargado de una profunda ternura.
No eludiré el tema de “su condición” aunque parezca lo correcto, lo elegante. Su condición era la de un hombre equilibrado que servía de útil comodín para las narrativas competitivas que se dan en las oficinas, el no pretendía demostrar que era el jefe, que era el que mandaba, que cargaba mas o que era el mas fuerte (aunque en honor a la verdad era muy competitivo), cuando se trabajaba con el no tenias que entrar en el juego divertido y perverso de alburear para tratar de demostrar viveza mental o evitar la burla por ausencia de sagacidad, con el se laboraba de manera practica pero neutra, porque cuando era necesario asumía las ordenes necesarias sin queja alguna, sin esa malicia que lleva mucha veces a la rebeldía que paraliza actividades.
Si, tenía una condición especial, era un ser profundamente noble.
