Durante el confinamiento causado por la Pandemia hubo un cambio respecto a
la manera en la cual se venia trabajando en la docencia, de un momento a otro
la educación online dejo de ser un agregado para hacer más competitivas a las
universidades, o en su caso mas accesibles para aquellas que para bien o para
mal priorizan el alcance antes que ciertos estándares de calidad. Y aunque aun
falta por escudriñar sobre los retos y oportunidades que vivieron los profesores
de asignatura, en especial en aquellos lugares donde eran ellos o la nada, poco
se ha explorado lo que se vivió y de alguna manera aún se vive cuando como
parte fundamental del proceso de aprendizaje se tienen invitados en las aulas.
Esto es una realidad desde la preprimaria, pero es especialmente importante
en el nivel universitario, y clave para aquellas matriculas que requieren mucho
análisis y reflexión y no tanto aquellas donde es importante el dominio de una
técnica (donde los manuales en gran parte pueden ayudar a suplir ciertas
carencias) o las que como a quedado claro no se pueden asumir con mucha
seriedad o por demasiado tiempo sin lo que ahora se puede llamar
eufemísticamente “el mundo físico”.
Antes de avanzar propiamente en el tema habría que seguir reflexionando,
aunque pueda parecer obvio el porque de la importancia de tener ponente
ponentes en las aulas, no solo en los ciclos de conferencia establecidos con
anticipación por los cuerpos académicos, y que merecen una lectura en sí
misma, porque además se suele tratar de espacios muchas veces pensados
con gran antelación y supeditados a presupuestos y las filias y fobias de los
tomadores de decisiones. Por supuesto tienen un lugar importante, los grandes
congresos o los foros al interior de las carreras universitarias mantienen la
actualidad de las temáticas estudiadas y el relumbrón y la sana notoriedad
forman parte clara del desarrollo profesional o al menos así debería de ser.
Pero el tema aquí son las conferencias, clases o platicas que se desarrollan
como parte de programas más pequeños o incluso como parte normal de traer
una polifonía de voces a las clases, normalmente bajo los limites de los temas
que se abordan, pero en ocasiones incluso fuera de todos ellos pero que se
encuentran en el marco de un interés cultural que también nutre la enseñanza.
¿Por qué nutre la enseñanza?
No es tan fácil decirlo, y para algunos es una batalla por tener la razón, que
poco ayuda. Para algunos puristas, en las materias de Economía cargadas de
una métrica matemática muy sofisticada y a la vez básica, resulta poco sensato
distraerse con temas que bien podrían ser visto como el nivel inmediato inferior;
la divulgación económica. Bajo esta mirada no tiene sentido alguno el tener un
ponente que hable sobre los problemas comerciales que se avecinan por los
diversos conflictos bélicos en el área post soviética, cuando lo que se debería
de reforzar es el conocimiento matemático de los procesos de oferta y
demanda que han generado una crisis inflacionaria que en algunos lugares a
generado un proceso claro de estanflación. El Divulgador puede resolverlo fácil
porque ese es justamente su trabajo (o su arte, según se vea) para el la
estanflación es estancamiento económico con inflación, así sin más, y puede
seguir con el siguiente tema. Es evidente que hay quien lo hace mejor o peor,
pero también quedan claro dos cosas, por un lado, la importancia de la técnica
pura y dura que debe mantener un profesor, de tal forma que el rigor
académico es lo menos que se le puede pedir, y claro esta no se debe dejar de
lado que para ello es contratado. Sin embargo una de sus funciones bajo la
relativamente nueva mirada, de olvidar su papel como referente único de un
salón de clases y ser un facilitador y un promotor del conocimiento, esta
justamente en ampliar la mirada del salón de clase, y utilizar esa “calistenia
cerebral” que ha desarrollado el alumno, para poder entender una realidad más
amplia, lo que le será útil como profesional y como persona, pero que forma
parta indispensable de las habilidades básicas de aquellos estudiantes que
vienen de la rama educativa de las ciencias sociales.
Aquello que se vivió.
Lo primero que había que mencionar es que al principio hubo un afán por
conocer la realidad del uso de plataformas como Zoom o Meet, para quienes
fueron invitados a dar alguna platica, hubo cierto afán por ayudar a que la
educación no se parara y la curiosidad natural de experimentar con tecnología
que para muchos al menos en México y en especial en el entorno inmediato
era poco comprendida. Muchos no conocían por ejemplo que la versión gratuita
de Zoom solo duraba 20 minutos y después se tenían que volver a conectar
todos. Esa premura por ser eficiente y de alguna manera seguir el modelo de
las platicas TED, fue en un inicio todo un reto, que muchos sobre todo de las
generaciones mas longevas les dificultaba el trasmitir su mensaje, aunque claro
también había quienes lo veían como algo un tanto divertido, para le
generación de maestros Tik Tok emergente, era mas lo que se ganaba que lo
que se perdía. Sin embargo, con el tiempo esto dejo de ser interesante, y
afortunadamente se empezó a superar conforme las escuelas compraban
paquetes completos o migraban a mejores plataformas, los propios docentes
compraban versiones premium, o en el caso de las universidades de elite o
bien fondeadas por el estado, mejoraban sus propias plataformas.
Habría también que retrotraerse en la realidad que siempre esta presente y que
todos odian; la velocidad o la caída del internet. Aun en las zonas urbanas y
como era de esperarse debido al incremento de la demanda, el ancho de
banda no aguantaba y a media clase (a veces incluso evitando su inicio), se
caía para no volver, o hacerlo dentro de 5, 10 o 15 minutos, rompiendo así el
necesario ritmo educativo. Esto era muy frustrante para los ponentes, ya que
muchas veces apenas podían conseguir un pequeño momento del día para
participar y era difícil reprogramar. Dentro de estos apartados hay que
considerar que en muchas ocasiones se tuvo que olvidar la idea que se veía en
algunas paginas de tener a los alumnos con video, ya que con suerte
funcionaria el sistema con todos callados y con el ponente con micrófono
abierto, pero sin video, perdiendo con ello un cierto nivel de interacción que es
muy sana y necesaria, a tal grado que algunas escuelas prohíben esa
configuración.
Los códigos de conducta fueron un problema sobre todo en el momento dos de
la experiencia, ya superadas o resignadas las vicisitudes técnicas. ¿Cómo
debe ser el comportamiento de los ponentes invitados? ¿cercano, distante?
¿Cómo debe ser el lenguaje? ¿inclusivo, técnico, amistoso? En algunos casos
muy famosos por los medios y que se instalaron rápidamente en arena publica
algunas personas maliciosas, torpes, desafortunadas o una mezcla de todo lo
anterior llegaron a perder su trabajo, tener procesos judiciales, o severas
llamada de atención, por no practicar los nuevos códigos que exige la post-
modernidad, el auge del feminismo y el confinamiento. Muchos fueron
acusados de acoso, de intolerantes, de agresivos, de cerrados de mente. Y
aunque cada caso merece una lectura concreta, no exenta de criticas a
quienes buscaban solamente una notoriedad vacía, es claro que generaba
cierto resquemor e incluso una reticencia clara entre los ponentes de una clase,
y también en los maestros de asignatura que tenían miedo de verse
inmiscuidos en un problema que tuviera algún costo serio. Este apartado aun
no desaparece ni en el aula física ni en la virtual, pero es en esta última donde
quizás haya una oportunidad de poder resolver los vientos de cambio
impulsado por los movimientos sociales, sin caer en el exceso de que estos
generen un huracán intolerante imposible de controlar.
Conclusiones.
La presencia de ponentes para dar una clase por vía virtual, formara parte ya
de la llamada “nueva normalidad”, a tal grado que incluso sobrevivirá a los
conceptos de moda que ahora lo acompañan, sin embargo y conforme hemos
visto el regreso cada vez mas continuo a las aulas queda claro, que la
educación por plataforma volverá a su nicho, aunque este ahora sea más
grande.
Para poder seguir usando esta herramienta será importante, que sigan las
mejoras técnicas en materia del ancho de banda del internet y donde sea
posible el uso del 5G, para lo cual va a ser necesario una inversión constante
del gobierno, pero también de las universidades o incluso los maestros de
asignatura, para otorgar a sus invitados un nivel mínimo de confianza técnica
para poder desarrollar sus ideas. También es claro que estos últimos deben
reforzar o adquirir los conocimientos de una nueva realidad, donde el acoso, el
lenguaje vulgar y las faltas de respeto ya no serán toleradas, y el lenguaje
inclusivo, incluyente y amable ya no serán una concesión, si no un piso mínimo
para el entendimiento en un aula, más si la oportunidad de enmendar un
posible error en la siguiente clase no es una opción.
Queda por resolver aun como manejar las participaciones de los alumnos, más
cuando la ponencia es un éxito y concita mucha participación, no siempre es
fácil saber como hacerlo sin generar un caos, para lo cual el papel del maestro
de asignatura como moderador es clave.
En un mundo que no sabe cuándo vendrá la siguiente pandemia, es muy
importante aprender que los invitados a dar ponencias serán muy importantes
en futuros confinamientos, pero estos solo podrán ser bien aprovechados si se
resuelven los problemas técnicos y de interacción social que han quedado
expuestos con esta experiencia vivencial y virtual.
